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Bulos y mitos sobre la digestión y el efecto de algunos alimentos sobre ella

Publicado domingo, 17 octubre 2021
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Tema
Mitos y bulos (Maldita Alimentación)

Puesto que todos comemos varias veces todos los días, es una buena parte del tiempo la que nuestro cuerpo se pasa digiriendo alimentos. Por eso no nos extraña nada que haya muchísimos mitos y bulos en torno a la digestión y el efecto que algunas comidas o bebidas pueden tener sobre este proceso por el que nuestro organismo procesa los alimentos para sacarles los nutrientes. Seguro que algunos de los que hemos explicado en Maldita Ciencia hasta ahora te suena.

Si te bañas después de comer no se te corta la digestión

Por decirlo de otra forma: el corte de digestión son los padres. No es cierto que si te metes en el agua después de comer se te vaya a cortar la digestión haciendo que te desmayes y te ahogues. Sí que puede darte lo que se llama un síncope de hidrocución, pero tiene que ver por un cambio brusco de la temperatura corporal, no con el tiempo que haga desde que comiste.

Ten en cuenta que la digestión no siempre dura lo mismo, y los alimentos pueden estar en nuestro estómago hasta 4 o 5 horas, así que ese periodo impuesto de 2 horas de moratoria para los baños es algo arbitrario. Además, aunque las digestiones sí pueden cortarse por un sobresalto, normalmente después, o bien se reanudan y no pasa nada, o bien se vomita (que es algo desagradable, pero no grave, y tampoco pasa nada). Te lo explicamos aquí junto con otros cuantos bulos piscineros.

El alcohol no ayuda a la digestión aunque en algunos sitios lo llamen "digestivo"

Después de una buena comilona, te sacan un chupito de una bebida alcohólica (normalmente de alta graduación) y lo llaman "digestivo", lo cual podría llevarno a la idea de que es de alguna forma beneficioso para la digestión. Pero no lo es y aquí hablábamos de ello.

"Tradicionalmente estas bebidas se toman tras comidas en las que suele estar presente el alcohol en forma de vino o de cerveza. Si el alcohol fuese digestivo, ¿por qué un chupito de licor de hierbas debería tener más efecto al final de la comida, que el vino que has ido bebiendo durante toda ella?", plantea el dietista-nutricionista Daniel Ursúa. "Esta leyenda del licor digestivo viene del origen vegetal de muchos de estos licores y es la excusa perfecta para darle la puntilla a tu estómago", añade, antes de volver a dejar claro que el alcohol no tiene relación con este beneficio en la digestión.

No hay evidencias de que el agua con limón "asiente el estómago"

Puestos a tomarlo después de comer, mejor el agua con limón que una bebida con alcohol, desde luego, pero tampoco es cierto que eso vaya a tener efectos especialmente beneficiosos para el estómago y la digestión.

Miguel Ángel Lurueña, tecnólogo de los alimentos, explicaba aquí a Maldita Ciencia que otorgar propiedades de este tipo al agua con limón es uno de los mitos más antiguos. “Normalmente se le atribuyen infinidad de beneficios: desde prevenir o tratar el cáncer hasta combatir la COVID-19, pero no hay nada de cierto en ello. No es una bebida milagrosa, sino agua con limón”, afirma. 

Por qué algunos alimentos te "repiten"

¿Sabes cuando un rato después de comer un alimento vuelves a notar su sabor en la boca? Es común por ejemplo con el pepino o la cebolla. Aquí explicábamos por qué ocurre esto.

La degradación de los alimentos con los jugos gástricos durante la digestión produce diferentes gases y algunos llevan sustancias volátiles de los mismos alimentos, explica el dietista-nutricionista Sevi González. Parte de estos gases saldrán por la boca como eructos. Algunos alimentos como el pepino, la cebolla y el ajo son más propensos a dejar partículas volátiles en esos gases. Los compuestos que provocan el regusto suelen ser de azufre que estimulan ciertos receptores durante la digestión, añade Gemma del Caño, especialista en industria alimenticia.

Por este motivo, además, hay quien piensa que estos alimentos, especialmente el pepino y el melón, son indigestos o pueden sentar mal si los comemos por la noche. Es cierto que las cenas copiosas justo antes de irnos a dormir no son una buena idea, pero no es un problema del pepino o el melón, de los que no hay evidencias que tengan un efecto distinto según el momento del día en que se coman.

La lechuga no sienta mal si se come de noche

Igual que ocurre con los pepinos y los melones, también la lechuga tiene una mala fama inmerecida si se come por las noches. Pero de nuevo, no hay ninguna evidencia de que sea así: la lechuga no tiene ningún compuesto relacionado con dificultades en la digestión a ninguna hora del día ni es nutricionalmente muy distinta de otras verduras de hoja como son los canónigos o la escarola. Comer unos u otros es cuestión de gusto.

Los alimentos con fibra son beneficiosos ya sea aparte o dentro de las comidas

Nos preguntasteis si el famoso kiwi que mucha gente se come a diario por su aporte de fibra era mejor comérselo aparte o el efecto beneficioso podía ser el mismo si se incorporaba a alguna de las comidas, ya fuese como postre o en alguna receta. La fibra, la comas como la comas y dentro o fuera del menú, siempre actuará de la misma forma en nuestro cuerpo. Eso sí, si la utilizas como picoteo entre horas o un rato antes de comer, sobre todo en forma de fruta, reducirá la ansiedad y el hambre con las que llegarás a la siguiente comida. Ah, y si no eres muy fan del kiwi, hay otras opciones ricas en fibra que puedes probar. Aquí te las detallamos.

No hay evidencias de que comerse el pan o los bollos recién horneados sea malo para la digestión y la salud

¿Puede ser esta una mentira puesta en circulación para preservar las galletas y otros productos horneados de las manos más golosas e impacientes? Sospechamos que sí, porque de hecho no hay pruebas de que comerse un bollo o similares nada más salir del horno suponga ningún riesgo. Lo que sí puede ocurrir es que no estén tan ricos como podrían estar un rato después. Aquí hablamos de ello y lo explicamos.

Apetito y hambre emocional: cómo y cuánto nos apetece comer en cada momento, y por qué a veces nos cuesta parar

Además de lo estrictamente relacionado con la digestión, en nuestra relación con la comida y cómo la procesamos intervienen otros factores, entre ellos el apetito y el hambre emocional.

Aquí hablábamos de lo primero, de cuándo y por qué sentimos ganas de comer o nos sentimos saciados. Esas sensaciones dependen del tamaño de nuestro estómago, de lo rápido o lento que éste se vacíe, del alimento en cuestión que hayamos comido antes y de las hormonas que se segregan durante el proceso de la digestión.

Otras veces, en cambio, no comemos por hambre sino porque hemos empezado con algo y no podemos parar hasta que se termina. Es muy común con alimentos como los frutos secos, las patatas fritas y otros snacks similares, que tienen un perfil de azúcares, sal y grasas que los hacen muy palatables (muy ricos) pero generalmente poco sanos. Aquí explicábamos más sobre este fenómeno y qué hacer para controlar mejor cuánto comemos de estos alimentos.


Primera fecha de publicación de este artículo: 27/07/2021

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